inhumana de su vida. Actualmente se distingue del término "muerte digna" que consiste en la aplicación de medidas médicas paliativas (que disminuyen el sufrimiento o lo hacen tolerable), de apoyo emocional y espiritual a los enfermos terminales. En todo caso, la eutanasia se diferencia del suicidio asistido ya que este último consiste en proporcionarle al paciente los elementos necesarios para que él mismo dé fin a su sufrimiento.La eutanasia no es un problema nuevo y ni ligado al desarrollo de la medicina moderna. El sólo hecho de que el ser humano esté gravemente enfermo ha hecho que en las distintas sociedades la cuestión quede planteada. La eutanasia es un problema persistente en la historia de la humanidad en el que se enfrentan ideologías diversas.
Si hacemos un repaso a través de la historia, la eutanasia no planteaba problemas morales en la antigua Grecia. Durante la Edad Media se produjeron cambios frente la muerte y al acto de morir: la eutanasia, el suicidio y el aborto son considerados como pecado, puesto que el hombre no puede disponer libremente sobre la vida, que le fue dada por Dios. La llegada de la modernidad rompe con el pensamiento medieval, la perspectiva cristiana deja de ser la única: la juventud, la salud y la vida eterna pueden ser alcanzados con el apoyo de la técnica, de las ciencias naturales y de la medicina. Desde fines del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, en numerosos países europeos se fundan, sociedades para la eutanasia donde toman parte médicos, abogados, filósofos y teólogos.
En la actualidad hay diferentes opiniones sobre la eutanasia y son variadas la prácticas médicas y las legalidades en los distintos países del mundo. Muchos trabajan por la humanización en el trato con los moribundos y quieren contribuir a superar la distancia ente la vida y las prácticas médicas. Se sabe que hasta fines del siglo XIX en América del Sur existía la persona del “despenador” o “despenadora” encargada de hacer morir a los moribundos desahuciados a petición de los parientes.
Teniendo todo esto en cuenta, se pueden tener sentimientos encontrados con respecto a este tema, es lícito creer en el derecho a la vida, y también en el derecho a morir dignamente. La vida es un bien precioso, y nadie debería arrebatársela a otro ser humano, pero si éste está moribundo, ¿no querríamos que dejase de sufrir?
Hay procesos degenerativos en algunas enfermedades, sin posibilidad de cura, que solo producen dolor físico y psicológico, alargando la vida del moribundo. Cuando el paciente es plenamente consciente debe tener el derecho a decidir como quiere morir y cuando. No se debería culpar a aquellos que lo ayudan para que la muerte sea digna.
Algunas asociaciones médicas consideran contrarios a la ética tanto el suicidio con ayuda médica como la eutanasia, por lo que deben ser condenados por la profesión médica. En cambio recomienda los cuidados paliativos.
La postura de las diversas religiones, a nivel mundial, es mayoritariamente contraria a la eutanasia y al suicidio asistido. La postura del actual papa Benedicto XVI quedó explícitamente recogida en una carta, en la que dice claramente que admite la legitimidad de las guerras y de la pena de muerte, pero es tajante respecto al aborto y a la eutanasia.
Pero con todos los argumentos que se pueden tener en contra de la eutanasia o del suicidio asistido, no hay ningún problema en aplicarla a los animales. Se pone fin a la vida de un animal cuando es víctima de una enfermedad, cuando su dolor es intratable, su calidad de vida muy pobre o cuando nadie le quiere. Se considera un sacrificio humanitario, porque se hace de forma rápida y sin dolor, de forma segura, digna y complaciente tanto para el animal como para el amo.
La decisión de practicar la eutanasia a una mascota no es fácil ni para el profesional ni para el amo, no se debe ser egoísta en tratar de mantener una vida que posiblemente no es la mejor para el animal. Se deben reconocer los signos de sufrimiento y la responsabilidad del propietario ante un paciente moribundo. La eutanasia por inyección produce una muerte rápida al producir inconsciencia instantánea. Produce depresión profunda de los reflejos respiratorios y cardiacos en cuestión de segundos, y el corazón deja de latir.
Los seres humanos somos tan hipócritas que sacralizamos la eutanasia para el hombre, muchos creen en la legitimidad de las guerras, en la necesidad de la pena de muerte, en cambio practicarla eutanasia a los animales, la consideramos un acto misericordioso.
¡Así nos va en la vida!
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